Un mundo libre de violaciones sexuales en la guerra está a nuestro alcance

La violencia sexual relacionada con el conflicto es un crimen de guerra envuelto en mitos, en el secreto y el estigma. Tal vez el mayor error es suponer que es una atrocidad del pasado, que en la era actual, caracterizada por el uso de armamento de alta tecnología, la violación ya no se utiliza como un arma de destrucción masiva. Nada podría estar más lejos de la verdad.

A pesar de que la vergüenza y el estigma impiden que muchos sobrevivientes denuncien la violación y otros crímenes de violencia sexual, se estima que tan sólo en las últimas dos décadas 60.000 civiles fueron víctimas de violación durante la guerra civil en Sierra Leona; 65.000 durante el conflicto en Liberia; 50.000 durante el conflicto en Bosnia; y más de 200.000 durante el genocidio en Ruanda.  Estas cifras apabullantes no son sólo números abstractos; detrás de cada ataque se encuentra una persona y su historia, una familia y una comunidad devastadas.  Si las necesidades de estas comunidades son ignoradas, es posible que nunca puedan recuperarse de la brutalidad que han sufrido.

Estas violaciones constituyen una mancha en nuestra conciencia colectiva, una mancha que crece con cada nueva violación cometida en los conflictos en curso, como en la República Centroafricana, la República Democrática del Congo (RDC), Malí, Myanmar, Sudán del Sur, Sudán y Siria.

El informe de este año de las Naciones Unidas sobre la violencia sexual en los conflictos documenta horrendos crímenes que se producen en conflictos en todo el mundo.  El informe detalla violaciones, incluyendo violaciones en grupo, cometidas durante registros casa por casa, en campos de refugiados, y como parte de interrogatorios.  También describe como la violencia sexual se utiliza estratégicamente para desplazar por la fuerza a los civiles de las zonas en disputa y de tierras ricas en minerales y otros recursos naturales.  Se refiere asimismo a las víctimas, a los periodistas y a los activistas que viven con el temor de sufrir represalias y persecución porque se atreven a hablar.  Relata la tragedia de los sobrevivientes que no reciben los servicios necesarios para reconstruir sus vidas.  Y también enumera a 34 grupos armados sobre los cuales pesan sospechas fundadas de haber cometido estos crímenes.

A pesar de que el informe se presenta como una lista de incidentes de un salvajismo casi inverosímil, en medio del horror también hay destellos de esperanza.

En el ámbito internacional, existe en la actualidad un impulso político innegable para abordar esta cuestión.  Sin embargo, los cambios más importantes se están produciendo en el ámbito nacional, donde se están tomando medidas tangibles para prevenir y responder a estas atrocidades.

Varios países en situación de conflicto y post-conflicto están ahora dispuestos a reconocer los horrores cometidos en contra de sus propio pueblos, incluso cuando son cometidos por las fuerzas de seguridad del gobierno.  Algunos de estos gobiernos están traduciendo este reconocimiento en acciones concretas.  En la República Democrática del Congo, por ejemplo, el número de presuntos responsables procesados por estos crímenes es cada vez mayor, incluyendo los miembros de las fuerzas de seguridad nacional. También se han creado unidades especiales en el seno de la policía para ocuparse específicamente de delitos de violencia sexual, y el presidente ha anunciado su intención de nombrar a un representante especial para tratar exclusivamente este tema.  En Somalia, donde las víctimas de violación y periodistas han sido encarcelados por denunciar la violencia sexual, el presidente se ha comprometido a crear una unidad especializada en estos crímenes y una clínica para atender los casos de violencia sexual.

En las Naciones Unidas, estamos empezando a ver los resultados de años de políticas de desarrollo, formación y fuerte compromiso en este tema.  El número de acuerdos de alto al fuego que incluyen disposiciones sobre la violencia sexual relacionada con el conflicto ha aumentado en más del doble.  Personal de operaciones de mantenimiento de la paz en República Democrática del Congo y Darfur mantienen consultas con grupos de mujeres locales y les proporcionan escoltas armados para recoger leña y acompañarlas al mercado. El Equipo de Expertos sobre el Estado de Derecho y la Violencia Sexual en los Conflictos de las Naciones Unidas trabaja con los gobiernos de Côte d’ Ivoire, Colombia, Guinea, República Democrática del Congo, Somalia y Sudán del Sur para fortalecer la cadena de justicia penal con el fin de garantizar la rendición de cuentas de los autores y la justicia para los sobrevivientes.

Pero los socios más importantes de esta coalición son las organizaciones locales e internacionales sobre el terreno, así como periodistas, activistas y líderes tradicionales, religiosos y comunitarios que prestan servicios a los sobrevivientes, cambian percepciones y costumbres destructivas, y reclaman acciones de sus gobiernos y de la comunidad internacional.

Estos son solamente pequeños pasos en la buena dirección, pero pasos que se aferran a la promesa de algo mejor.  Hasta hace sólo unos pocos años, la violencia sexual era considerada como un subproducto inevitable de la guerra, como el daño colateral desafortunado del conflicto. Ahora, después de años de esfuerzos concertados, la comunidad internacional ha llegado a aceptar que la violación en la guerra es una amenaza a la paz y la seguridad internacionales que puede ser erradicada de una vez por todas.

Este cambio de planteamiento no sólo es importante para los sobrevivientes, sus familias y comunidades, pero también es un requisito previo para la paz y la seguridad internacionales. La violencia sexual aviva el desplazamiento, la pobreza y la inseguridad,  y puede relegar a las comunidades y los países a una espiral sin fin de conflictos y venganza.

Construir y mantener la voluntad política para responder a estos delitos, y traducir esa voluntad en acción, es una tarea monumental. Si bien el informe de la ONU de este año ilustra los muchos desafíos a los que nos enfrentamos en la erradicación de la violencia sexual como una herramienta y un legado de la guerra, también pone de relieve el hecho de que estamos avanzando en nuestros esfuerzos. Hará falta la cooperación internacional y el compromiso de los gobiernos nacionales, pero un mundo libre de la violación en tiempos de guerra está a nuestro alcance.

__________________________________________________________________________________

Zainab Hawa Bangura es Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y la Representante Especial del Secretario General sobre la Violencia Sexual en los Conflictos.

www.un.org/sexualviolenceinconflict